Dos de los mejores amigos de Sofía van a casarse y le han pedido que oficie la ceremonia de manera simbólica. Es decir, una vez celebrada la unión oficial, Sofía leerá su discurso delante de todos los asistentes al evento, justo antes de que se celebre el banquete. Los invitados han sido convocados en el patio de bienvenida del restaurante para escuchar a Sofía, copa de champán ya en mano.

 

Antes de emborracharos, escuchadme

Buenas noches a todos, familiares y amigos:

Me congratula poder daros la bienvenida a esta maravillosa fiesta, que nuestros dos espléndidos protagonistas aquí presentes han tenido a bien preparar con un único objetivo: el disfrute y deleite de sus invitados. Es decir, nosotros. A continuación, y antes de que el alcohol se apoderé de la noche, me dispongo a re-casar a Lauren y a Miguel, tal y como la pareja me solicitó hace algunas semanas, casi de rodillas.

Muchos os preguntaréis qué significa esto de re-casar, que qué hago yo aquí hablando y que cuándo llegan los aperitivos. La respuesta a todas estas cuestiones es simple: dado que la ceremonia oficial ha sido un rollo (como la mayoría lo son), esto que viene a continuación es la ceremonia auténtica, la divertida. Y sí, también más breve que la de esta tarde. Además, mientras me escucháis podéis ir bebiendo champán, detalle que más de una y de uno, yo incluida, agradecerá sobremanera.

Una vez pasado el mal trago de hace un rato, escuchando a un hombre desconocido utilizando palabras raras, en impuesto silencio, todo buenas formas y con miedo a cagarla, ahora los novios pueden disfrutar de verdad del momento, él sin corbata y ella con zapatos más cómodos. Es por todo ello que habéis sido convocados frente a mí, para presenciar esta unión que, pese a informal, no es menos importante que la anterior.

En primer lugar, y como hemos visto en tantas películas, abriré un pequeño lapso de tiempo para que, si alguno de los presentes tiene algo que objetar en contra de esta unión que estoy a punto de re-formalizar, dé un paso al frente y hable. Aunque sus palabras serán escuchadas, no serán bienvenidas en absoluto, y tras oírlas y hacer caso omiso continuaré con la ceremonia, tal cual estaba prevista.

[10 segundos de silencio incómodo]

Bien, dado que, como era de esperar, nadie se ha atrevido a atentar contra el honor o la dignidad de ninguno de los miembros de la pareja, prosigo. El poder que me ha sido otorgado, proveniente de más de quince años de amistad, anécdotas incontables y el inagotable cachondeo que caracteriza a los novios, este poder digo, me coloca en posición de formular las siguientes cuestiones:

Lauren, ¿prometes amar, cuidar y dar calor a Miguel, en la salud y en la enfermedad, en los momentos malos, en los buenos y en los de en medio? ……….

Miguel, y aunque ya sé la respuesta, ¿prometes, del mismo modo que ha hecho tu amada, dedicarte en adelante, en cuerpo y alma, a salvaguardar el bienestar de Lauren por encima de cualquier otro interés personal? ………..

Dicho lo cual, yo os declaro, por segunda y última vez, marido y mujer. Y ahora sí, podéis besaros hasta que os falte el aliento.

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