Decir Te quiero o Gracias no siempre es fácil. Lo pasamos por alto porque damos por hecho que esa persona con la que convivimos ya lo sabe. Entonces, ¿para qué repetirnos? Paradójicamente, tal vez sea la persona a la que tenemos más cerca la que más necesite oírlo, pues las buenas formas y, sobre todo, las palabras bonitas suelen diluirse en la cotidianidad y en la inercia a la que nos aboca la rutina.

Es complicado mostrarse amoroso y agradecido de continuo, así que nunca está de más recurrir a las palabras para que estas sirvan de recordatorio. Esto es precisamente lo que sucede en el siguiente texto. Josep quiere recordarle a Susana, su novia, que siempre va a estar ahí para ella, aunque en ocasiones parezca que está en Babia.

 

Lo nuestro, una novela

Querida Susana,

Aunque sabes que no confío mucho en las palabras, que soy más de hacer que de decir, he pensado que para esta ocasión bien merecía la pena hacer uso del lenguaje escrito. Y es que he recordado eso que alguna vez ya hemos comentado (con unas cuantas cervezas de más) de que lo nuestro ha transcurrido como si de una novela se tratara. Una novela con tanto amor como drama (que no tragedia), como en esas de Sábato que tanto te gustan, o como en Rayuela, salvando las incontables distancias. Sí, claro que me acuerdo, no olvides que he leído (y he intentado ver) todo lo que sé que de verdad te ha marcado.

Estos dos últimos años han sido duros. Qué digo duros, jodidos de verdad. Desde que nos conocimos han sucedido cosas para las que nadie está nunca del todo preparado, tanto a cada uno por separado como a ambos en lo nuestro, juntos. Todo ello ha influido, junto con los temperamentos que cada cual traía ya de serie, y ha condicionado el camino que hemos recorrido, más pedregoso que llano (por qué no decirlo). Pero, en definitiva, eso es la vida, ¿no? Hemos conseguido llegar hasta aquí y lo hemos hecho de la mano (aunque a veces sudada, siempre una bien estrechada a la otra). Creo que eso es lo que verdaderamente importa.

Ya sabes que no soy mucho de hablar (tantas veces me lo recuerdas), y quizá por eso haya decidido ponerme a escribir. Que no te diga muchas cosas no significa que no las piense (o que no las sienta). Sencillamente, no me sale decir todo lo que me pasa por dentro. Supongo que ese es el principal motivo de esta carta: recordarte que estoy metido de lleno en esto, en nuestra relación, y que no hay nada que me importe más que tú, que lo nuestro, aunque en ocasiones parezca que estoy disperso o que no presto atención.

No voy a decir aquello de que espero que a partir de ahora todo vaya mejor, ni pretendo que esta carta marque un punto de inflexión ni nada por el estilo. Para mí todo ha ido como debía ir, ni mejor ni peor que en otras relaciones; sencillamente, como debía, a nuestro modo particular. Y estoy muy orgulloso de que haya sido así. ¿Volvería a pasar por todo lo que hemos pasado si pudiese elegir? Sin duda, siempre que fuese junto a ti. Ni siquiera cambiaría esas idas de olla mías que te han sacado de quicio más de una vez; de no haber sido así, no me conocerías tan bien como me conoces, ni yo te conocería tanto a ti.

Como decía, solo espero que esto sirva como una especie de recordatorio, para que sepas que estoy aquí para ti. Siempre. Y también, claro, para suplir todas esas veces que debería haber dicho te quiero o gracias y, en vez de eso, me he quedado callado o he dicho alguna otra tontería.

Te quiero, nunca lo dudes, por favor. Josep